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Barbie: El sueño de Greta Gerwig más allá del fenómeno blockbuster

Una divertidísima comedia protagonizada por Margot Robbie y Ryan Gosling que explora temas muy comprometidos, y de forma magistral, gracias a la visión de Greta Gerwig.



Cuando Greta Gerwig firmó con Warner para empezar a escribir Barbie, esto fue lo único que le dijeron: “Haz lo que quieras. Tienes completa libertad creativa.” Y lo primero en lo que pensó Gerwig para contar la historia de Barbie fue en la muerte. Así empezó la película Barbie, un sueño de Greta Gerwig más allá del fenómeno blockbuster que buscaban Warner y Mattel. Gerwig quería una obra de arte.


Pensó en una muñeca perfecta atrapada en un mundo perfecto y que tropieza con una imagen de una mujer que siente y piensa sobre la muerte. ¿Dónde quedaba entonces el símbolo de Barbie que todo el mundo conocía? Esa era la siguiente gran preocupación de Gerwig: cómo hacer una película sobre Barbie sin ser propaganda de Barbie, pero hablando sobre lo que significa Barbie y no hacerlo como crítica a Barbie. El reto era grande. Y Gerwig lo ha superado con creces.


El viaje de Barbie por Hollywood


La idea de hacer una película de Barbie lleva rondando por los estudios de Hollywood unos años. Fue primero en 2009 cuando Mattel se alió con Universal. El tema no acababa de arrancar, así que en 2014 cambiaron a Sony. Se hicieron unas primeras versiones de guion, se empezaron a involucrar productores y entonces asomó la cabeza Amy Schumer para interpretar a Barbie. La cosa no salió nada bien, y un año después, la actriz abandonó el proyecto. La película de Barbie parecía estar cada vez más lejos – pero en realidad estaba cada vez más cerca.



Con la pérdida de Schumer, el estudio volvió a iniciar la búsqueda de una actriz para interpretar a Barbie. Anne Hathaway era una opción. Y lo fue hasta 2018, cuando Sony perdió los derechos de Barbie y estos fueron a parar a Warner Bros – volviendo al punto de inicio. Pero entonces, Margot Robbie se enteró del proyecto, y Barbie no volvió a moverse de casa. Ahora también como productora, Robbie llamó a Greta Gerwig para escribir el guion – era muy fan de sus películas – y junto a su marido y fiel colaborador Noah Bauchman los dos se pusieron a ello. Finalmente, Gerwig saltó a la dirección de la película y así empezó lo que sería su aventura en Barbieland.


Su obsesión por Barbie venía desde hace tiempo. Según declara en varias entrevistas “no podía dejar de pensar en Barbie y en lo que eso significaba”. Y la película empezó a cobrar vida con esa idea al frente. En lo que se ha convertido, y lo que hemos visto, es mucho más de lo que se esperaba de la película: un blockbuster de verano para reír y olvidar. Ahora sabemos que Barbie es mucho más que eso, gracias a la visión de Greta Gerwig.


Greta Gerwig: experta en arriesgarse



Todo es de color rosa en la primera media hora de Barbie. Gerwig enfoca toda su energía en presentar “las normas” de Barbieland; donde las Barbies son todo aquello que quieran ser, ganan premios Nobel y son presidentas. Mientras que los Ken… son simplemente Ken. Con un reparto estelar, liderado por Margot Robbie y Ryan Gosling, la película tiene un primer objetivo claro: perderse en el mundo perfecto y artificial de Barbie; pasarlo bien y disfrutar de cada momento presente, como hacen las Barbies y los Kens. El apartado visual, sobrecargado de rosa y nada de ello digital, refuerza cada una de las ideas e intenciones de la directora, recreando un escenario artificial pero lleno de personalidad.


Las buenas ideas de Gerwig brillan cada vez más a medida que Barbie rompe con ese mundo ficticio y cuestiona sus propios ideales sobre “la forma de vivir la vida”. Cuando el agua empieza a quemar de verdad, cuando los pies se vuelven planos, cuando la Barbie de Margot Robbie empieza a plantearse su existencia es cuando la película da un salto de fe y evoluciona a un concepto “show de Truman”. Que no es sorpresa, ni para los propios personajes ni para el espectador.


La película llega a ese punto para replantearse a sí misma y seguir avanzando. Es cuando Robbie descubre que hay mundo más allá de Barbieland, que debe ir y encontrar a la niña que está jugando con ella para que todo vuelva a ser perfecto. Acompañada del Ken de Gosling, Robbie emprende su viaje al mundo real.


El choque de mundos, pero sin perderse por el camino


Barbie expande su narrativa hacia algo mucho más complejo a medida que la Barbie de Robbie va cuestionado su existencia. La película cada vez va encontrando más temas que surfear – y nosotros, como espectador, con miedo a perdernos en esa red de ideas.

Pero Gerwig lo tiene todo bajo control.



Por un lado, va cargada de infinidad de recursos en forma de películas guía para imaginar y dar vida al mundo de Barbie. Y son recursos que van más allá de la ya mencionada El show de Truman y que con varios visionados más son fáciles de identificar. Lo que Gerwig ha hecho expertamente es encontrar el punto perfecto de mezcla entre todos estos mundos, con películas como El mago de Oz, El padrino, Mujeres al borde de un ataque de nervios, Fiebre del sábado noche, Tiempos Modernos o Un americano en París como referencias (podéis ver la lista completa en Letterbox: Greta Gerwig’s Official Barbie Watchlist) – que han servido tanto para la narrativa como para el diseño del mundo Barbie.


Por otro lado, Gerwig, se mantiene fiel a su mundo. Sigue persiguiendo personajes que se buscan a sí mismos, con una temática coming-of-age recurrente en su obra, tanto como actriz (Frances Ha, Mistress America) y como directora (Lady Bird, Mujercitas). Barbie no se queda atrás, y bajo toda esa capa de temas y tramas, encontramos también una historia coming-of-age. Solo que en este caso es una muñeca de plástico en un mundo de plástico. Y como ocurre en la filmografía de Gerwig, con un personaje algo anarquista que busca algo nuevo, que rechaza su mundo y que siempre rechaza un amor no correspondido y plantea su camino en solitario de cara al final de la historia.


Gerwig deja ver en Barbie otro tema muy recurrente propio de ella: la relación madre-hija y todo lo que eso conlleva. America Ferrera y Ariana Greenblatt son otro punto esencial de Barbie – y que también cuenta con un arco emocional y muy bien hilado a la trama principal. Gerwig hace un gran trabajo a la hora de dosificar la información y como se presenta en el momento oportuno; cuando Robbie conoce a Sasha (Greenblatt), luego es vista por Gloria (Ferrera) y después se revela la relación madre-hija de ambas, para que más adelante las tres protagonicen algunas de las mejores escenas de la película.


Más allá de las expectativas. Mucho más allá.



Barbie es una denuncia al patriarcado, al feminismo extremo y al abuso de perfección por encajar socialmente. Todos temas muy serios. Algo que Barbie afronta con mucha mano y astucia, pero nunca sin dejar de lado la parte más importante: esto es una película sobre Barbie, un blockbuster de verano para todos los públicos – y, por tanto, el elemento comedia, el elemento entretenimiento y el elemento sorpresa es crucial.

Después su salida al mundo real, Greta Gerwig no tarda en indagar en las diferentes tramas que la película explorará, con un claro objetivo de romper con esa realidad presentada y pensar en lo que aquello supone. Y lo hace sin perder su punto de fantasía y dando espacio a la Barbie de Margot Robbie para cuestionar su existencia, con escenas realmente bonitas y emocionantes.


Cualquiera podría pensar que algo tan artificial como es Barbie podría emocionar de la misma manera. Robbie es el claro ejemplo de cómo la película crece hacia un lugar concreto, de cómo el viaje tiene un sentido más allá de la comparativa entre Barbieland y el mundo real; que eso solo es parte del camino que realmente explora la película. El casting de Robbie y Gosling no podría haber sido más acertado. Cada uno da lo que tiene quedar en pantalla, midiendo los niveles de energía para nunca taponar al otro y dando espacio a la comedia, las crisis existenciales, un ambiguo romance (solo llevado por Ken) y conversaciones de lo más originales.



Barbie es un blockbuster (ya ha superado 1B de dólares recaudados mundialmente) con corazón; hecho con tiempo y dedicación. Es una prueba de que cuando se une el mundo del cine indie, como ha sido el de Greta Gerwig, con el gran cine de estudio, se crean grandes películas – que van más allá de querer ser la gran película del verano – que quieren definir una nueva era, en una hora y 50 minutos de puro entretenimiento; divertido, sincero, cercano y completamente diferente de lo que se esperaba de una película de Barbie.


Gerwig ha sido capaz de hacer reír con un Gosling hilarante y confuso sobre sí mismo, de emocionar con el viaje de una Barbie que cuestiona su propia existencia, de hacer bailar y disfrutar con una energía que no se pierde en ningún momento, y de perdernos en un mundo de colores. De colores rosas, pero también grises. Porque el sueño de Gerwig iba más allá del fenómeno blockbuster: ella quería una obra de arte. Y con Barbie lo ha conseguido.


- Anabel Estrella

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