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Crítica de La vida sigue

La vida sigue es una película muy normal. Sí, habéis leído bien, normal: una historia común, contada de una manera común. Y eso es lo que la hace una maravilla: hablar de lo que es la resiliencia y de cómo se supera un duelo sin la necesidad de añadidos edulcorados y clichés para hacer más atractiva la trama.

 


La vida sigue cuenta una historia que nos podría pasar mañana a cualquiera (bueno, a ver, hay ciertos detalles que, si no vives en un cierto escalafón social o te mueves por determinados círculos, no, pero son detalles que no manchan el mensaje. No todos nos podemos ver con una casa en Londres y otra en París, pero sí siendo viudos en un matrimonio abierto). Audiovisualmente, nos encontramos con una película muy humilde: La fotografía cumple con su función que es contar una historia sin excesivas florituras, dejando a la trama ser libre, y ser real, y haciendo del espectador un personaje más de la misma. Creo que aquí el trabajo del director, Dan Levy, quien a su vez interpreta al personaje principal, ha sido maravillo en su estreno detrás de las cámaras.

 



Empecemos por el principio. Nuestro protagonista, Marc (Dan Levy) pierde a su marido Oliver (Luke Evans), un aclamado escritor , la noche de una fiesta previa a las celebraciones de navidad, dejando sin leer una carta que este le entrega antes de salir a un viaje de negocios. Tras esto, Marc transitará un duelo apoyado en sus dos mejores amigos, Sophie (Ruth Negga) y Thomas (Hamish Patel), hasta que, en el aniversario de la muerte de su marido, tras descubrir que este contaba con una propiedad en París, decide leer el contenido de la carta, lo que le llevará a invitar, como agradecimiento, a sus amigos a dicha ciudad en un viaje que él utilizará para encontrar respuestas.

 

Con esto, podemos tener un resumen, sin entrar en muchos detalles, de lo que nos cuenta la trama. Ahora, la psicología del personaje de Marc no es compleja, pero sí realista: un hombre que pierde a su madre y que opaca ese dolor con la persona que está conociendo y con la que se casa, que cede a exigencias (un matrimonio abierto) por no perder al que es su apoyo en todo este caos, y que se ve con dos frentes abiertos que gestionar una vez este último muere de una manera trágica e inesperada. Creo que, en algún momento, todos hemos sido él, opacando problemas con otras cosas por no sentir el dolor y forzándonos, de alguna manera, a seguir adelante hasta que el universo nos para en seco y nos obliga a procesarlo todo.

 



Creo que la parte más dura de la trama es cuando en medio de toda esta vorágine se entera de que su marido ha conocido a otra persona. Me cuesta no ser subjetivo y pensar cómo reaccionaría yo antes esta situación: un duelo en el que todo el sufrimiento en parte no ha valido la pena porque no solo procesas ahora una perdida si no una especie de ruptura. ¿Cuántos hemos pedido respuestas a las preguntas tras un amor no correspondido? Si Marc lo hubiera consultado con un psicólogo, tal vez le hubiera dicho que el viaje a París sería alimentar el drama, pero… ¿qué puedes hacer cuando llevas sin sentir un año? Sinceramente, yo hubiera tenido la misma reacción.

 

Pasemos a hablar un poco del resto de los personajes porque, si bien Marc está pasando por un proceso traumático, no es el único: tanto Sophie como Thomas han perdido el rumbo por los devenires de la vida adulta. Sophie no se haya en su contexto, no sabe lo que quiere y está en una crisis existencia sobre lo que es o no es importante para ella que la lleva a una vida de excesos y epicureísmo descontrolado. Por su parte, Thomas está en crisis con su identidad y su valor, no es capaz de apreciarse a sí mismo, se siente pequeño, lo que le lleva a chocar con Marc en diversas ocasiones.  Lo podemos ver en la secuencia en la que Marc se reencuentra con el chico de la fiesta en París, dejando a todos en el Karaoke. Cuando a la mañana siguiente regresan, él se adentra en un papel de víctima obviando que los 3 son adultos, pero claro, es más fácil exigirle a los demás amor que ver que no te quieres a ti mismo cuando estás vació por dentro, ¿o no es así?

 

Al final los 3 amigos se distancian, y se reencuentran cuando han vuelto a sanar. Y el reencuentro podría ser reviviendo los clichés de las comedias románticas con un Marc enamorado de un chico francés, lleno de felicidad y con su vida reconstruida, pero no: sólo vemos a un artista que consigue la fuerza para transmutar su sufrimiento en arte. Porque al final, como bien indica el título, la vida sigue y tenemos que aprender a convivir con el dolor que tenemos dentro, transmutándolo o poniéndonos encima de él. Así de simple.

 



 

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